RAMON DE POSADA, ILUSTRADO ASTURIANO EN AMERICA.

Al abrir cualquier legajo del Archivo General de Indias de Sevilla que contenga documentos del virreinato de México al finales del siglo XVIII, el especialista se encontrará, de seguro, con la firma del fiscal don Ramón de Posada y Soto.

El fiscal Posada con sus escritos proporcionó la información precisa para el gobierno de la Nueva España mientras ocupó el cargo de Fiscal de Real Hacienda en la Audiencia de México. El gobierno de la economía virreinal pasó por las manos de Posada, sus informes, sus pedimentos, sus variados escritos son una muestra, que permanece desconocida para el gran público, del buen hacer de este asturiano de noble linaje cuyos descendientes viven aún entre nosotros.

Si Jovellanos es conocido, admirado y valorado por los historiadores del siglo XVIII español, Ramón de Posada ha de ser tenido en la misma talla que don Gaspar Melchor. Los escritos de fiscales, miles de folios que se conservan en el citado Archivo y muchas de sus copias en mi poder, serán valorados tanto como los de Jovellanos cuando, poco a poco, sean publicados convenientemente.

Las reformas profundas que los ministros de Carlos III llevaron a cabo en América triunfaron ampliamente gracias a los hombres que gobernaron las Indias en las Indias y las Indias desde España. Caso concreto es el de Posada. Durante más de diez años el virreinato de Nueva España fue gobernado por el ministro José de Gálvez y Gallardo gracias a la acción del fiscal Posada. Don Ramón, desde México mantuvo informado al ministro de tal forma que todas las cuestiones se decidían en Madrid teniendo en cuenta las ideas de Posada. Y así el virreinato de Nueva España prosperó ampliamente hasta cotas casi propias del siglo XVI.

Don Ramón de Posada nació en el lugar de Onao enclavado en el Concejo de Cangas de Onís en 1746. Ese mismo año nació también don Francisco de Goya.

Acabando el año 1794 don Ramón de Posada visitó a Goya. Esta entrevista tuvo dos motivos principales, por un lado el interés personal de Posada en conocer al pintor; por otro, don Ramón debía cumplir un encargo de la Real Academia de las Nobles Artes de San Carlos de México: interesarse por el estado en que se hallaba un importante cuadro que la Academia mexicana había encargado a Goya. Nunca se apartó de la vida de Posada la preocupación artística.

No se sabe qué cuadro era ése, ni si en realidad fue realizado pues en esa fecha Goya no lo había comenzado todavía. Posada escribió contando su entrevista y decía: “le hallé del todo sordo, de manera que fue necesario hablarle por escrito”. Muy probablemente a raíz de esa entrevista, Goya inmortalizó al ilustre visitante con un retrato excelente.

Este retrato de Posada corrobora la hipótesis de que Goya salió de su profunda crisis tanteando nuevos caminos. Se vislumbra en él la evolución hacia nuevos conceptos pictóricos de los siguientes años de su producción. El retrato de Ramón de Posada, el de Tadea Arias de Enríquez, nuevo canto a la luz y al eterno femenino, el de la Marquesa de la Merced, muy vivaz en su atuendo negro con larga mantilla y el de la Marquesa de la Solana entonado en suaves rosados, grises y azules de escueta figura y sencillo ademán son testimonios de la reacción del pintor ante su desgracia.

El retrato que Goya hace de Posada, probablemente en 1794, es un hermoso óvalo en el que dejó impreso la psicología del que sería desde 1812 el primer Presidente del Tribunal Supremo de Justicia. Sobre un fondo gris verdoso obscuro se destaca la figura sentada del modelo, con Goya el arte descriptivo del hombre había alcanzado una extraordinaria madurez, que viste casaca verde obscura, en la que lleva la Cruz de la Orden de Carlos III, y chupa rameada clara. Está pintado sobre una preparación rojiza clara, es decir la usada en las obras de Goya caracterizadas por sus tonalidades grisáceas. Es un óleo sobre lienzo de 1,97 por 0,96 metros. Se conserva actualmente en el Young Memorial Museum de San Francisco en los Estados Unidos de Norteamérica y ahora lo podremos admirar en Gijón.

Veinte años antes en la Junta Ordinaria que se celebró en la Real Academia de San Fernando el día 5 de junio de 1774, se presentaron varios dibujos a lápiz de don Ramón de Posada, solicitando se le diese la graduación que pareciese correspondiente; por éstos y por sus distinguidas circunstancias de nacimiento, educación y destino, el Presidente le propuso para Académico de Honor y de Mérito de la Pintura, y como tal fue nombrado por aclamación y unánime consentimiento de los señores académicos, de cuyo nombramiento tomó posesión el 3 de julio de ese año de 1774

El virrey de Nueva España don Matías de Gálvez y Gallardo (1783-1784) que era hermano del ministro de Indias don José de Gálvez y Gallardo (1776-1787), se casó en segundas nupcias con doña Ana de Zayas y Ramos. Esta virreina tenía una hermana llamada Dorotea (nacida en Iznate, Málaga) que se casó con don José Fernández de Córdova y Ortega (natural de Almogia, Málaga); de los hijos de este matrimonio nos interesan especialmente dos de ellos: Francisco Y Ana María Fernández de Córdova y Zayas. Don Francisco fue Secretario de Cámara del virreinato de Nueva España, más tarde Superintendente de la Casa de la Moneda y en 1794 sustituye a Posada en la presidencia de la Real Academia de San Carlos de México; doña Ana María (natural de Canillas de Albaida, Málaga) se casó con don Ramón de Posada y Soto, el cual pasó, de esta manera a ser sobrino político de la virreina doña Ana de Zayas y, por ende, a emparentarse con el mismísimo ministro de Indias.

Además don Ramón de Posada era primo segundo del Regente de la Audiencia de México don Vicente de Herrera y Rivero (1782-1786), el padre de Posada, don Joaquín José de Posada y Rivero era primo hermano de la madre del Regente. Posada también estuvo emparentado con Jovellanos ya que su hermano mayor don Sebastián estaba casado con doña Juana Jacinta de Jovellanos, hermana de don Gaspar Melchor. Jovellanos en sus obras hace variadas referencias a la familia Posada.

El día 19 de marzo de 1784 don Ramón de Posada tomaba posesión del cargo de Consiliario en la Real Academia de las Nobles Artes de San Carlos de México. El mismo día que se firmaba la real orden que “aprueba, erige y establece” la Academia de San Carlos, se promulgaba otra nombrando a Posada Consiliario de la Academia con voz y voto en todas sus juntas “en la forma que lo tienen los de la Academia de San Fernando para que concurra su experimentado celo, talento e instrucción a los progresos y acertado gobierno de la fundada aquí”.

Cuando cuatro años más tarde, en 1788, queda vacante el cargo de Presidente de la Academia por el traslado de Mangino al Consejo de Indias, es nombrado don Ramón de Posada.

Posada tiene un papel decisivo en la fundación de la Academia. Carlos III se basó para establecer la Academia en el muy prudente y fundado dictamen que hizo el fiscal Posada. Don Ramón de Posada intervino en el proyecto de construcción de un edificio anejo al de la Academia de San Carlos, en la organización de sus miembros, sus sueldos y dedicación; en el establecimiento de premios en metálico, en la adquisición de libros, planos, instrumentos, modelos, etc., se interesó por el nombramiento de académicos honorarios, encargó cuadros a los pintores de Cámara de Madrid, solicitó que se enviasen cuadros a México de las colecciones reales, intervino, siempre en defensa de los indígenas, para que quedasen exentos de tributar los indios pensionados en la Academia, etc.

La escueta enumeración de algunos de los cargos que don Ramón de Posada desempeñó a lo largo de su vida constituye un índice bastante completo de su biografía. No vamos a dejar de hacerlo para poner el punto final de este artículo. Don Ramón de Posada y Soto fue Académico en Madrid, Fiscal de Real Hacienda, de lo Civil y de lo Criminal en la Audiencia de México, desempeñó la Protectoría General de Indios, fue Superintendente del ramo del papel sellado, Académico de la de San Carlos, miembro de la Orden de Carlos III, fiscal y consejero del Consejo de Indias, miembro del Tribunal extraordinario y temporal de vigilancia y protección de la Junta Suprema que se defendía de los invasores franceses, vicepresidente de la Real Compañía de Filipinas, primer Presidente del Tribunal Supremo desde 1812. Falleció en Toledo casi septuagenario.

Vicente RODRIGUEZ GARCIA.

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